Cosas buenas del 2013
  • Columnista:
“El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se obtiene”. Ralph Waldo Emerson

Como todo aquel que se enamora de su obra, cuando a fines del año 2006 desarrollé el Taller Plan Emprendedor Personal (P.E.P.), pensé que debería dictarlo a “toda la juventud” uruguaya.

El Taller se desarrolla siguiendo la metodología de la Indagación Apreciativa que es una filosofía de cambio que parte de la premisa “descubra lo que da vida a un sistema humano y luego déjelo fluir” (http://appreciativeinquiry.case.edu/).

Presenta varias características que lo tornan novedoso, pues además de adoptar la Indagación Apreciativa, que logra al decir de Peter Drucker "hacer efectivas las fortalezas de la gente e irrelevantes sus debilidades", permite como bien dijera Galileo: "no enseñar a la gente nada; solo podemos ayudarlos a que descubran lo que hay en su interior.

Por ello, "el tipo de pregunta que hacemos, determina el tipo de respuestas que obtenemos. Las semillas del cambio están implícitas en cada pregunta, y así las personas y los grupos crecen y se desarrollan en función de los diálogos que mantienen y las preguntas que se formulan".David Cooperrider.

Como resultado de todo lo anterior, se refuerzan las características distintivas del emprendedor, la motivación por el logro, la perseverancia, la autoestima y la innovación.

Los participantes piensan en su futuro y se trazan un plan con metas y estrategias para alcanzarlas, que quedan escritas en un documento (business plan personal) que les permite guiar y monitorear su propio avance .

Con todo este “gran producto”, arranqué muy bien el año 2007 y comencé a dictarlo a estudiantes de ingeniería en una Universidad privada.

Desde esa fecha lo he dictado también en la universidad pública (en C.C.E.E.), en otras dos universidades privadas (Lic. en Comunicaión, RRHH y Lic. en Adm.), a emprendedores en Montevideo y del Interior (Maldonado, Rivera, Soriano), también a colegas docentes y consultores, a los beneficiarios de dos ONG ´s y a obreros metalúrgicos.

Sin embargo siempre sentí que me faltaba algo y ese algo era dictarlo a estudiantes de los últimos años de secundaria.

Para cumplir este deseo, había fracasado estrepitosamente cuando lo presenté en el colegio que yo había ido, pese a una muy buena recomendación que llevaba.

Por eso el año pasado cuando un colega que conocía el Taller me recomendó en un conocido colegio de Pocitos lo distingo como “cosa buena del 2013”.

Ahí confirmé como se valora el emprendedurismo en el Uruguay. Las clases que me asignaron fueron los viernes a última hora...

Algo que enseña el Taller es: “haz lo que puedas, con lo que tengas, estés dónde estés”, por lo que esa oportunidad que me brindaron la devíamos aprovechar muy bien.

Nos divertimos mucho con los muchachos, lo que no evitó que el viernes previo a las vaciones de primavera, “se me fugaron” y me quedé esperandolos en el salón de clase...

Si los estudiantes avanzados de ingeniría muestran cara de terror cuando les pregunto cómo se visualizan en un día como ese, pero diez años hacia adelante, la cara de estos pibes no podía ser menos...

Risas..., hasta que saltan las chicas, que siempre son más maduras, quienes con un fantástico instinto maternal, manifiestan “yo voy a tener tres hijos, dos..., etc.

Y eso para todas, aún la más fashion de las niñas, la que va a ser diseñadora de ropa y va a presentar sus colecciones en un castillo en Escocia, me habló de sus hijos.

No puedo menos que emocionarme, no realizo inferencias ni pronósticos, si nacen todos los mellizos que estas jóvenes desean tener, Uruguay dará un salto demográfico relevante en el futuro próximo.

Soñámos, pusimos metas, hicimos networking, etc., etc., pero para ser emprendedor hay que sudar.

Veía que no escribían, no avanzaban en el trabajo personal, las excusan empezaron a hacerse recurrentes.

Entonces llegó un día que todo el grupo “vino enojado”, parecido a cuando un cliente no te paga lo que te debe y se hace el ofendido por “algo” que le hiciste o un subordinado que incumplió sus metas y te echa la culpa por algo que nada tiene que ver...

Las opcioes eran pocas, yo era responsable de la situación, debía fomentar el ambiente apreciativo, rezongar, buscar culpables era un camino trillado que no conducía a nada, debía ser creativo, entonces los invité a jugar a “Combate” (*).


Ante tal ofrecimeinto, la cara de los chicos denotó un susto mayor a soñar su futuro..., pero luego de las explicaciones del caso, jugamos todos gustosos!!

Yo hacía tiempo que no jugaba a Combate. Desde los lejanos ´70, cuando entrenaba para jugar al rugby. En esas frías noches de invierno en las canteras del Parque Rodó, si no le poníamos algo de magia, se complicaba para correr, saltar y tirarnos al suelo...

A la clase siguiente los alumnos trajeron sus trabajos.

Es que ya lo había dicho Platón: “puedes descubrir más de una persona en una hora de juego que en un año de conversación”.


(*) Combate era una serie de televisón sobre la segunda guerra mundial que veíamos quienes fuimos niños en los lejanos años ´60. Las aventuras del Sargento Sanders marcaron a los niños de esos años y también a los adolescentes. A esa serie la pasaban los sábados de noche, para los adolescentes era un “quemo ver Combate” ya que significaba que no tenías ningun otro programa propio de la edad, ergo “fiestitas de 15”.